Cuento Meritxell y Teresa

gatoElizabeth volvía a casa después de una larga semana repleta de emociones. Las escasas farolas iluminaban la solitaria calle mientras ella se zambullía de lleno en sus pensamientos.

-Ha sido un mes muy duro, quizás debería pedir un par de días libres, unas vacaciones, un año sabático…

A principios de mes su hermano Ethan le había dejado a cargo de su preciad gato persa. El minino era una bola de pelo, blanca como la nieve y suave como la seda con unos enormes ojos brillantes que parecían seguirla a donde quiera que fuese.

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