Cuento Romántico Patri y María

MEMORIAS IMBORRABLES


La noche era fría y oscura y en un callejón bajo la lluvia apareció la sombra de un hombre que caminaba solitario, cabizbajo, absorto en sus pensamientos. Caminaba despacio cuando vio a lo lejos la luz de una vieja posada y decidió resguardarse en ella de la lluvia.


Abrió la puerta. Contempló la habitación que estaba tan solo iluminada por el fuego de una chimenea. A la izquierda había unas solitarias mesas que, a juzgar por la capa de polvo que las cubría, no habían sido utilizadas en mucho tiempo. Al fondo una pequeña recepción donde no había nadie así que Esteban decidió acercarse al fuego para calentarse y secar su  ropa.
De repente escuchó una respiración detrás de él y empezó a sentir una mano en su espalda. Se sobresaltó y se giró para observar a un hombre que rondaba los 70 años.

  • ¿Desea algo, señor? – preguntó aquel extraño anciano – Siento haberlo asustado.
  • Buscaba un sitio para pasar la noche que, dado a lo vacío que está esto, no creo que tenga problema. – contestó Esteban.
  • Por supuesto, señor. – fue hacia la pequeña recepción para coger unas llaves – aquí tiene, su habitación es la número 13. Si necesita algo, avíseme.

Esteban cogió las llaves y subió por las pequeñas escaleras hacía la puerta indicada. La habitación era pequeña y oscura. Dejó su pesada mochila sobre una silla situada en una esquina y se tumbó sobre la estrecha y dura cama. Necesitaba descansar porque estaba exhausto del largo viaje que había hecho. Sin darse cuenta se quedó dormido. Al cabo de un rato Esteban se despertó sobresaltado debido a ese familiar sueño que había tenido. Los recuerdos de aquella noche se agolpaban en su mente y lo atormentaban. Así que decidió bajar para despejarse.

Se sentó sobre un sillón cerca del fuego y sintió como alguien se sentaba a su lado.

  • Veo que no soy el único que no puede dormir esta noche. – empezó a hablar el viejo recepcionista.
  • Solo he bajado en busca de tranquilidad para poder estar solo.
  • No quería molestarle.
  • Lo siento, no he dormido muy bien estas últimas noches.
  • Dicen que la razón de no dormir es no tener la conciencia tranquila.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Esteban y empezó a ponerse nervioso.

  • Sí, puede que tenga razón. Soy Esteban, encantado.
  • Yo soy Diego. Tu cara me resulta familiar… ¿Eres del pueblo?
  • No, llevo aquí unas semanas, pero me iré pronto.
  • ¿Por qué, no le ha gustado el pueblo?
  • No es eso, es que ya he terminado con todo lo que tenía que hacer aquí.
  • Será un alivio para usted irse ahora con todo lo que está pasando en el pueblo.
  • ¿A qué se refiere?
  • Al asesinato que ha sucedido estos últimos días. Una tragedia horrible que está aterrorizando al pueblo.
  • Sí… Algo había escuchado – dijo nervioso Esteban, intentando evitar el tema, aquel que era la razón de sus horribles pesadillas…
  • Le noto algo nervioso, ¿Se encuentra bien?
  • Debo confesar una cosa, pero prométame que esto se queda entre usted y yo, porque si alguien se entera estoy muerto.
  • Soy todo oídos.
  • Hace un par de noches, me encontraba saliendo de un pequeño bar a las afueras del pueblo, como aún no lo conozco muy bien me perdí y me adentré en un callejón oscuro. Le juro que yo no quería. Esa imagen ha estado rondando en mi cabeza desde aquel momento.
  • Pero, ¿qué fue lo que sucedió?
  • En el callejón vi dos sombras, eran dos hombres discutiendo y de repente uno de ellos, que iba todo de negro y me fue imposible verle la cara, sacó un cuchillo y se lo clavó en la garganta al otro, llenándose de sangre. Yo intenté salir corriendo para evitar que me viera pero me tropecé y me vio. Así que eché a correr sin mirar atrás.
  • ¡Oh dios mío!, debió de ser un momento horrible. ¿No consiguió verle la cara para identificarlo?
  • No, solo vi una profunda y marcada cicatriz en su muñeca, una que reconocería en cualquier parte.
  • Ahora entiendo la razón de tu insomnio. Deberías de acudir mañana por la mañana a la policía para que lo encuentren cuanto antes. Pero ahora déjame que te prepare algo para poder dormir.

El viejo se levantó hacia la cocina y Esteban podía escuchar como preparaba aquella infusión. Pensó que aquel hombre tenía razón, debía ir a la policía para que pudieran encontrar al asesino, de todas formas él dejaría el pueblo y no lo volvería a ver. Pero si cogían al asesino, su conciencia quedaría limpia y tranquila. Escuchó al viejo volver con un par de vasos en la mano. Cuando Esteban fue a coger el vaso posó sus ojos en esa cicatriz que no había visto desde la noche en la que comenzaron sus más oscuras pesadillas.

 

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2 thoughts on “Cuento Romántico Patri y María

  1. Se puede imaginar el final, se ve venir… pero teniendo encuenta lo corto que es el relato (porque no podía ser más largo) está muy bien desarrollado. Nada que objetar sobre la idea principal, que es muy original y creativa. Buenas descripciones que hacen del cuento algo más personal y detallado. ¡ A seguir creando! .
    Meritxell Bella y Teresa Serra.

  2. Es un relato breve pero intenso. El uso que hacéis de los adjetivos que connotan oscuridad y misterio son adecuados y los elementos empleados coinciden con el tema principal del cuento: el terror. Por otro lado, discrepo con mis compañeras ya que creo que, aunque puedas hacerte una idea de lo que sucede en el final, hay muchas opciones entre las que elegir, y podría haber muerto o cualquier otra cosa. Invita a imaginar lo que puede ocurrir. Buen trabajo.

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