Del Renacimiento al Barroco. Evolución temática

Del Renacimiento al Barroco

venus

          Cada época cuenta con unas características que le son propias y que les hacen tratar temas diferentes y de diferente manera. Así pues, en el Renacimiento, con el florecer clásico, vemos que los temas principales están asociados a una visión más hedonista de la vida, por lo que van en la dirección del carpe diem, aprovechar el momento antes de que llegue la muerte. Esta actitud vitalista viene inducida por el resurgir de los clásicos griegos y romanos que aportan una nueva visión de la realidad a través del neoplatonismo, aunque también será importante el nacimiento de corrientes protestantes dentro del pensamiento religioso, como el erasmismo que acompañará al humanismo creando un nuevo imaginario colectivo alejado del “hoc lacrimarum valle” medieval. Esta nueva religiosidad conducirá a una nueva relación con Dios que se plasmará de manera sublime en el misticismo de autores como San Juan de la Cruz o Santa Teresa. Es un misticismo en presente, como casi todo el Renacimiento, preocupado por disfrutar el momento, la vida. La naturaleza suele aparecer idealizada con el tópico del locus amoenus, al igual que la figura femenina que adopta el tópico de la  donna angelicata como vimos en Petrarca. El amor se ha convertido en un medio y en un fin mismo. Sublima la figura de la amada/amante hasta llegar a convertirla prácticamente en algo sagrado. Paso previo al misticismo que nos revela una espiritualidad individual, Dios-yo, personal e íntima, que supera los dogmas y hasta lo físico para fundirse con él (Dios) como dos amantes se funden en uno. Veamos algunos ejemplos de lo comentado.

La imagen femenina

Invención masculina del personaje femenino: dulce enemiga

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

Gutierre de Cetina, Madrigal

Oda a la vida retirada

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.

Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Fray Luis de León

VIVO SIN VIVIR EN MÍ

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza;
muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que sólo me resta,
para ganarte perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva:
muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es el perderte a ti,
para merecer ganarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

Santa Teresa de Jesús

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              El contexto Barroco cambia y nos encontramos ante un imaginario mucho más pesimista que ve al mundo como un conjunto de ilusiones que acaba con la muerte. Esta concepción vital queda claramente plasmada en el género dramático con obras como El gran teatro del mundo o La vida es sueño de Calderón de la Barca. Es una época de contrastes: decadencia política y social, por un lado y florecimiento artístico, por otro. Los temas más tratados por los barrocos tienen que ver con esa visión decadente y pesimista de la vida. Se critica y satiriza sobre la ambición, el poder y el dinero. La brevedad de la vida, vista como un paso rápido hacia la muerte, es otro tema que atormenta a los hombres del Barroco. Vivir es un ir muriendo. Si antes comentábamos que el Renacimiento, y sobretodo el misticismo, escribían en presente, los barrocos están desubicados, perdidos, en crisis, fuera del aquí y ahora. Como dijo Quevedo “Soy un fue, y un será y es cansado”. Todo esto conduce a un concepto del amor que evoluciona del renacentista, adoptando sus tópicos, pero añadiendo la percepción negativa de la fugacidad del tiempo, haciendo que aparezca como destructor de la belleza, desarrollando la idea de que amar es sufrir. Otra característica que aparece es la visión satírica de la realidad, realidad que rechazan y que critican a través de la burla. En cuanto a la forma, hay un desarrollo del virtuosismo formal y sapiencial (culteranismo) , además del desarrollo del concepto de las palabras (conceptismo). Veamos algunos ejemplos de lo comentado.

Miré los muros de la patria mía
[Poema: Texto completo.]
Francisco de Quevedo
 

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salime al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

 

 

Góngora, la mujer y el tiempo
Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello.
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Tarea: Buscar información sobre autoras barrocas. Seleccionar una y preparar  fragmentos de sus obras sobre los que explicar su visión de la época. Presentación en powerpoint + música de la época.
Fecha de entrega: Lunes 15 de febrero
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