Cuento de un viaje~Historias sobre el mar

INTRODUCCIÓN

La luz cálida y dorada del fuego inundaba el recinto cercado de árboles y el crepitar de la hoguera era como un hilo musical para las risas y palabras de los moradores de la profundidad del bosque.
Sentados en sus cómodos sillones de colores vistosos y telas delicadas dignas de reyes se encontraban los propietarios de las sombras que parecían danzar ante los árboles.

A la derecha, sobre un sillón pequeño y viejo de tonos pastel que recordaban a los típicos colores en la casa de una anciana, se encontraba Mance, un lobo de pelaje plateado y lustroso cuyos ojos brillantes estaban fijos en las llamas.
A la izquierda, una colcha de vivos retales y mullidos cojines que pertenecía a Melessa, una pequeña conejita de ojos azules, pelaje blanco como la nieve y nariz rosada como una fresa que bromeaba y brincaba alegremente alrededor de la hoguera.
Y en el medio de ambos, Edmure, una hiena rayada de afilados colmillos espalda moteada y zarpas relucientes, estaba recostada sobre una poltrona de gran respaldo ricamente ornamentada desde donde devoraba trocitos de pastel y dialogaba con sus compañeros.
A su alrededor, pequeños animales no dignos de presentación que se habían congregado junto a la fogata para ser testigos de las fantásticas historias.

-¡…Y al final resultó que si que lo era!- terminó uno de los invitados su historia.

Ante las carcajadas de la conejita sos compañeros contestaron con una franca risotada.

-¿Quién quiere ser el siguiente?- Dijo esta mientras se sentaba en su colcha.

Tras Un prolongado silencio y una larga serie de miradas interrogativas Melessa alzó la voz:

-Esta bien, yo misma-Inmediatamente todos la observaron con atención y se acercaron para escuchar con mayor claridad a la narradora.- Escuchad atentamente y mis palabras crearán imágenes en vuestra mente tan nítidas que creeréis estar presentes en el relato…- se aclaró la voz y comenzó.

PRÓLOGO

Bajo el radiante sol de Nueva Orleans las calles estaban abarrotadas de gente que iba y venia, cada uno de ellos tenia sus vidas, sus problemas, sus ilusiones, sus metas… pero en este relato nos centraremos en uno de ellos en especial, su nombre: Herman March.

Herman era un hombre de negocios que a lo largo de su vida consiguió amasar una considerable fortuna, un “ nuevo rico” que no habia sido aceptado en Nueva York y estaba probando suerte en Nueva Orleans. Haciendo uso de su poder decidió embarcarse en nuevas colaboraciones con empresas locales en auge y, para calmar su sed de solemnidad, encontró oportuno fabricar un suntuoso hotel en centro de la capital de Louisiana.
Junto a él se encontraba su hijo Edward, un pequeño de ocho años que miraba todo con curiosidad. El pequeño de cabellos castaños correteaba por la calle sin hacer caso a las miradas de reproche de su padre, que mientras, hablaba con un transeunte pidiendo indicaciones.

A lo lejos Edward vislumbró una parcela de tierra rodeada por una destartalada valla de madera oscura en cuyo centro se alzaba la colosal estructura metálica que pronto se convertiría en un hotel.

El esqueleto de vigas poseía unos 50 pisos, conectados por unos complejos entramados de pasadizos que conectaban con un novedoso ascensor, y ya se podía adivinar la forma de la recepción, que ya contaba con paredes, un suelo, la instalación eléctrica y los muebles empezaban a llegar, como demostraba la horda de camiones de mudanza aparcados en la entrada de la calle. Las obras habían llevado un par de meses pero por fin se podía intuir el cuerpo del hotel.
Edward avanzó con paso firme hacia la recepción acompañado de su padre mirando curioso las cajas de embalaje que los operarios descargaban y a los obreros en su habitual descanso para almorzar.
Mientras el Sr. March buscaba al arquitecto para discutir la disposición de las habitaciones, el niño correteaba entre las cajas y ocasionalmente abría alguna para descubrir los secretos que albergaba. En los paquetes encontró los objetos más variados, desde lámparas de extrañas formas a cuadros surrealistas pasando por adornos extravagantes como ositos de porcelana de vivos colores que medían más de un metro.
Al continuar con su búsqueda halló una caja de madera pequeña cerrada por un pequeño candado. La caja, húmeda y vieja, parecía no haber sido abierta por lo que aparentaban ser siglos. El joven intentó abrirla, pero la madera, aunque carcomida, no cedía.
De pronto, Edward sintió una mano huesuda en su hombro que provocó que se girara bruscamente. Ante él se encontraba un hombre viejo de pelo cano recogido en una coleta que iba vestido con el mono de la compañía de transportes.

-Veo que has encontrado una caja muy especial pequeño-sonrió el hombre dejando ver un diente de oro.-Dime,¿conoces su historia?

Edward negó con la cabeza, ocasionando que el hombre marchara hacia unas de las butacas todavía recubiertas con plástico de burbujas para sentarse, el joven tomó la acción como una invitación y siguió al anciano del pendiente en la oreja, sentándose en el sillón opuesto.

-Bien chico, espero que tengas tiempo, es una larga historia que tuvo lugar hace mucho tiempo…

 

CAPÍTULO 1: EL COMIENZO

Una noche de luna creciente un hombre corría bajo la lluvia por las angostas calles de Lancaster, su nombre, Jack Naiper. Era un hombre robusto de cabellos rizados y castaños que relucían por la humedad,sus ojos eran de color miel, el tono bronceado de su piel era perceptible incluso en la oscuridad nocturna, poseía una nariz ligeramente respingada y ojos color miel que brillaban fruto de la adrenalina.

Las pequeñas y recónditas callejuelas se iban estrechando y alargando, cruzándose con otras exactamente idénticas. El hombre frenó en seco al llegar a una casa vieja y descuidada con un gran portón de madera oscura que parecía estar a medio camino de la podredumbre. Por las pequeñas ventanas se podía advertir que habían luces en el interior y Jack abrió la puerta de un golpe sordo.

Al entrar en la casa divisó una solitaria vela encima de la mesa principal. Se mantuvo en silencio intentando percibir cualquier sonido, sin resultado alguno. Sentía los ojos fríos de los cuadros de sus antepasados mirarle acusadoramente desde la penumbra. Se acercó pausadamente al candil encendido y se sentó. Fue entonces cuando detectó la nota que descansaba pacíficamente sobre el mantel harapiento. Tras leerla detenidamente sus ojos se inundaron de lágrimas, sus rodillas flaquearon y sus manos temblaron, arrugando la nota y arrojándola al suelo. Acto seguido se levantó con furia e inspeccionó todas las habitaciones de la casa, todas con el mismo resultado: vacías.
Y tras descargar su rabia ciega contra todo lo que tenia a mano terminó en el suelo, llorando desconsoladamente y sintiendo su impotencia mientras se preguntaba:

-¿Qué he hecho?

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, junto al puerto, una mujer embarazada cargada con su equipaje caminaba lo más rápido que su hinchada barriga le permitia mientras recitaba versos de oraciones entre susurros. La mujer llegó a un modesto barco mercante de velas blancas y madera lustrosa abarrotado de cajas de provisiones y productos para importar, subió a él y le entregó una pequeña bolsa llena de monedas al capitán, que tras una breve charla la condujo hacia un sencillo camarote donde le besó la mano a modo de despedida y se dirigió al timón.
La mujer, llamada Lisa, podía oir los murmullos de los marineros mientras ultimaban los preparativos para zarpar y el sonido de las olas del mar rompiendo contra lel casco del barco.
Entonces la mujer se quitó el velo negro que llevaba, dejando ver sus largos cabellos rubios. Sus labios rosados se estiraron en una sonrisa cuando notó una patada del bebé en su interior.

-Ya esta cariño, ya no tenemos nada de que preocuparnos-dijo minetras acariciaba su vienre.

Se acercó al solitario ojo de buey que descansaba silencioso en la pared principal y lo abrió, inundando la habitación del olor a salitre. Sus ojos verdes miraron con lágrimas de esperanza los dibujos que la espuma de las olas realizaban sobre aquel lienzo azul que era el mar.
Se recostó en la cama cubriendose con el manto y se durmió minutos después abrazando a su hijo no nato.
Los marineros levaron anclas justo cuando el sol empezaba a despuntar por el horizonte, que parecia hacer promesas de una vida mejor a la madre e hijo que descansaban pacificamente en aquel camarote.

 

CAPÍTULO  2:LA INFANCIA

Años después ese bebé se convirtió en un feliz niño de ojos de caramelo y cabellos castaños. El pequeño infante correteaba por las playas de Sevilla, donde vivía bajo la tutela de su tía Isabel. Su madre falleció tragicamente tras el parto y desde entonces Jack paso al cuidado de su tía, la cual se alegró de tener a alguien en su vida. A partir de el momento en que Lisa dejó de respirar, Jack e Isabel solo se tuvieron el uno al otro. Tal vez por eso el joven intentó durante toda su niñez ser un niño obediente y complaciente y trató de contentar a su tía en todo lo que podía, aunque eso significara no pensar en él mismo, todo lo que importaba era esforzarse en ser un niño modelo para contentar a los demás.
Nunca nadie le habló del pasado de su padre o de quien era este, pero el en cierta forma ya suponía que no era muy querido por su tía, ya que esta siempre esquivaba el tema de forma descuidada y si Jack insistía ella decía con lágrimas en los ojos que un día la mataría a disgustos si seguía siendo tan impertinente.
Isabel creía que era mejor que su sobrino no supiera que su padre había sido un contrabandista de armas en Inglaterra y que solía maltratar a su madre hasta que esta se quedó embarazada y temió lo suficiente por su vida y la del bebé como para huir de su hogar. Él no fue así desde un principio, cuando se casó era atento y respetuoso pero tras perder su empleo y darse a la bebida empezaron los problemas, pero antes, antes de las peleas, las desgracias y el odio, era un encanto, justo como su hijo Jack. En ocasiones Isabel no podía evitar ver a aquel hombre reflejado en Jack o lamentar el nacimiento de este, porque el nacimiento del hijo de un hombre así costó la vida de su hermana, pero a la vez no podía evitar quererlo, era lo único que tenía y como le prometio a su madre, lo cuidaría hasta su ultimo aliento.
CAPÍTULO  3:LA DESPEDIDA

Cuando Jack descubrió el pasado de su padre no pudo evitar sentirse traicionado por su tía, ella se lo había ocultado durante 18 años y ahora la noticia le había caído como un jarro de agua fría. Se sentía sucio y perdido, una parte de ese hombre era también parte de él, y eso le repugnaba. Pensaba que nunca podría ser alguien digno de respeto ni de bondad, que pagaría las deudas morales de su padre hasta el día de su muerte y su apellido le perseguiría eternamente. Era consciente del buen corazón que tuvo su madre, que equilibraba su balanza interior, pero después recordaba a su padre y un escalofrío le recorría la médula. ¿De verdad su madre podía haber amado a un hombre así? ¿Como pudo su tía permitir que su madre fuera tratada así ?
Jack no pudo evitar sentir que su vida era una mentira, que todo aquello que había conocido, sentido y vivido se desmoronaba ante sus ojos como un castillo de naipes y el no podía evitarlo.
Un dia al volver de la panadería donde trabajaba se detuvo en el puerto, donde recordó la historia de sus progenitores, de cómo había sido engañado durante tantos años y de como su vida había perdido el rumbo, y le invadió el rencor, a su padre, a su tía, al mundo…
Por ello en cuanto llegó a casa de su tía se enzarzaron en una discusión que no se sabe cómo empezó, pero si cómo acabó, con la acusación de su tía:
“Eres igual que tu padre, solo fuiste un error, si una desgracia como tu no hubiera sucedido tu madre aun seguiría viva”
No hablaba su tía, hablaba el odio y el rencor, pero ella nunca quiso herirle. Lamentablemente él no hizo caso a sus suplicas ni sus ruegos, hizo sus maletas sin decir palabra y salió de esa casa como alma que lleva el diablo.

———————————–Su infancia y juventud terminó de un plumazo——————————-

 

CAPÍTULO 4: UN NUEVO VIAJE

Entonces la hiena moteada se acomodó en su sillón en el interior de la arboleda, el resto de animales seguían escuchando con atención acurrucados junto a la hoguera, y prosiguió con el relato:
Bien, pues…
Jack fue movido por su amor por el mar y decidió en un momento de máxima adrenalina hacerse a la mar, como su madre hizo años atrás para escapar de una vida cruel. Si su tía decía que era igual que su padre seria igual que su padre, ahora estaba solo en el mundo, no tenía la necesidad de agradar a nadie ni de fingir, por fin podría ser él mismo, y la única forma de conseguirlo era experimentar sensaciones, vivir momentos y ver el mundo, solo así podría hacerse una idea de quien era en realidad, si una copia de su padre, una marioneta de su tía o alguien más. Un nuevo mundo de posibilidades se abría ante él y eso le abrumaba.
Años atras se había descubierto un nuevo territorio del que los barcos españoles iban y venían cargados de riquezas, oro, piedras preciosas y exóticos productos como la patata o el cacao. Su nombre América. El mundo, al igual que Jack, estaba cambiando y la única opción era amoldarse a él o morir en el antiguo mundo.
Jack, sin embargo, no permitiría más cambios bruscos, quería vivir a su manera mientras tuviera la oportunidad y así experimentar lo que pronto iba a desaparecer.

 

Asi fue como Jack se decidió viajar a las nuevas islas descubiertas y tras un largo viaje por mar de varios meses llegó a La Martinica, una isla del mar del Caribe, dispuesto a conseguir poder y riquezas para obtener una buena posición social.Ya no le importaba nada, si iba a ser como su padre le traería sin cuidado aprovecharse de los demás, engañar, estafar o robar.

Al llegar alli lo que vio a su alrededor le fascinó, una nueva fauna se extendia ante sus ojos. La isla, una gran acumulación de arena blanca estaba salpicada por todos lados del color verde. Altas palmeras se alzaban entre las cabañas llegando incluso a ocultar el interior de la isla de los rayos del sol. Los animales correteaban libres entre aquella jungla en miniatura y pájaros exóticos de vivos colores alzaban el vuelo.
Pero en su segundo vistazo en el nuevo territorio pudo comprobar con horror como los hombres que estaban a su alrededor capturaban a algunos monos y los encerraban en minúsculas jaulas de mimbre ,para mas tarde llevárselos en los barcos junto con baúles repletos de oro y gemas. Y si la situación de las bestias no era esperanzadora, menos aun lo era la de los indigenas. La mayoría de ellos llevaba sujetas al cuello y las muñecas pesadas cadenas que los unía en una larga hilera hacia el barco, donde descargaban cajas repletas de los preciados minerales. Algunos de ellos no portaban cadenas, al contrario, llevaban un látigo para castigar a aquellos que osaran detener su marcha.
Jack intentó apartar la mirada y seguir su camino, mintió sobre su nombre para ser contratado y le concedieron trabajo vigilando la fila, después volvería con ellos como marinero tras una larga temporada y el dinero que ganaran sería repartido,
justo como habria hecho su padre, pensó… Rápidamente logró obtener recompensas por favores personales que hacia al capataz jefe o al capitán de uno de los barcos.Pensaba conseguir riquezas y poder para así ser respetado en los grandes paises europeos…

Ese fue al menos el plan inicial. Todo se truncó cuando una mañana en aquella isla tropical la fila se detuvo. Mientras se acercaba, Jack sabia que no podría castigar a uno de los esclavos, ¿por que lo iba a castigar? ¿Por querer dejar de sufrir?¿por su deseo de libertad? Se acercó con las manos temblorosas y los ojos se le llenaron de lágrimas al vislumbrar tan horrendo espectáculo. Un niño, no mayor de seis años estaba en el suelo, sus costillas se marcaban contra su piel achicharrada y un enjambre de moscas volaba alrededor del pequeño cuerpo sin vida. Esperaba ver lágrimas por parte de los otros esclavos pero a ellos ya no les quedaban, sus ojos sin vida estaban resecos y eran un pozo a la desesperación de sus almas.
Después de que los capataces se deshicieran del cuerpo Jack no podía seguir allí, no soportaba alzar la vista y ver a otro pequeño que podría acabar de la misma forma. Esa misma noche, mientras el resto de sus “compañeros” dormían después de que Jack los hubiera emborrachado, subió a los esclavos al barco más grande que pudo encontrar y navegó lejos de allí.

 

CAPÍTULO 5:EL RENACER
Cuando porfin llegó a una zona segura liberó a los esclavos, que pese a no compartir su idioma, lo comprendieron con una simple mirada. Lo despidieron con los ojos llenos de agradecimiento y en ese momento Jack comprendió que no solo había liberado a los esclavos, se había liberado a si mismo. Había salido de España como un hombre enfurecido, cruel y con ansias de poder pero fuera como fuese ese hombre ya no existía. Ahora solo estaba el Jack humilde, valiente y aventurero que amaba la libertad y que porfin se había encontrado a si mismo.
Tras un par de hazañas de este calibre, Jack fue acusado de pirata y se ofreció una recompensa por su cabeza. Se le difamaba de todas la formas posibles: decían que era un adorador de falsos dioses, que secuestraba a las mujeres decentes de los países civilizados para hacer sacrificios humanos y que ,como los indigenas incivilizados, era mas un animal que una persona.Y Por supuesto, la fama de su padre tampoco fue de gran ayuda para él…

-Que ellos decidan sobre los verdaderos y falsos dioses, sobre la verdadera civilización y sobre sus leyes absurdas, la esclavitud es real y yo puedo terminar con ella… Yo acabaré con ella.

Tras la liberación de cientos de esclavos Jack seguia viendose reflejado en cada uno de ellos, ese amor por la libertad, esas ganas de vivir… Ellos lo demostraban más que cualquiera de las personas civilizadas de todos los paises que habia visitado a lo largo de los años. Pensó alguna vez en visitar a su tia Isabel, pero tener que volver a España le repugnaba. ese pais gobernado por católicos hipocritas que decian predicar el amor y la paz pero lo unico que hacian era esclavizar y participar en guerras, “por el bien de la decencia” decian ellos, “por el bien de vuestra superioridad” decia él…

 

CAPÍTULO 6:EL FIN
Y algo mas tarde fue cuando sin comerlo ni beberlo, se vio capturado por un grupo de barcos españoles al servicio del rey Felipe II. Pensó que lo condenarian a la horca pero en vez de eso le enrolaron en un barco, uno que segun decian era parte de la flota más poderosa, grande y rapida de todos los mares. Todos sus tripulantes eran hombres dispuestos a luchar y morir por España, para que así el rey pudiera tener un palmo mas de tierra en el mundo. Su objetivo, Gran Bretaña. No hace falta decir que Jack no era partidario de este “viaje de cortesia” con el que le habia obsequiado el rey pero aceptó para librarse de una muerte segura.
Al menos eso creian todos, ya que al acercarse a las costas de su destino, todos los barcos fueron destruidos por una fuerte tormenta para gran alivio de los ingleses.

-Pero Jack se salvó verdad?- preguntó Edward, que ahora estaba sentado en el suelo, sobre la moqueta estampada del vestíbulo del hotel.

-Que te hace pensar eso?- preguntó sonriendo de oreja a oreja el hombre mayor.

-Porque es el bueno, era listo y valiente, no pudo terminar así!- exigió el niño

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-Espero que Edward esté en lo cierto- dijo la conejita acurrucada en su sillón

Todos estaban en tensión desde hacia un largo rato. La hoguera se estaba extinguiendo y solo quedaban las brasas, que iluminaban tenuemente el recinto boscoso.

-Le he cogido cariño a él tambien y además merece un final mejor. La muerte es tan… definitiva. Es un estado permanente que todos tratamos de retrasar inevitablemente, la unica razon por la que paramos de sufrir en este mundo pero aun asi no queremos que llegue. Creo que es la cosa mas complicada que ha existido y existirá jamás.

De pronto se oyó una sonora carcajada procedente de Mance, el lobo de plata que habia permanecido callado hasta ahora.

-¿Que es para ti mas complicado que la muerte, pues?

-La vida, ese insondable caleidoscopio de imagenes y recuerdos, que nos lleva por senderos desconocidos, imposibles de predecir para la mente humana. Toda nuestra vida creamos la ilusion de la amistad y el amor para no estar solos, para no sentirnos solos, pero al final de esta larga travesia que es la vida nuestros unicos compañeros de viaje somos nosotros mismos.
Con los años se adquiere experiencia y sabiduria, pero como todo, tiene un precio. El conocimiento te vuelve mas realista, mas cinico ante los ojos de los hombres, que temen el nuevo brillo de tu mirada y huyen de ese nuevo y cruel conocimiento, ese es para mi el final de mi viaje, no la muerte.

Todos se giraron hacia Mance y esta vez fue él quien prosiguió con la historia.

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-Bien pequeño, pues déjame decirte que estas en lo cierto. Jack sobrevivió. No se sabe como, algunos dicen que tenia un plan desde el principio y se disfrazó para escapar aprovechando el gentío mientras embarcaban, otros dicen que unos de los esclavos que rescató decidieron devolverle el favor y le rescataron… Pero una cosa es segura, siguió luchando por la libertad y por lo que él creía, y lo defendió hasta el final.

-Y entonces, que es lo que hay en la caja?

Fue entonces cuando el hombre sacó de su camisa una llave desgastada sujeta a una delgada cadena, dejando ver en su pecho una letra P mayúscula marcada a fuego. Con ella abrió el candado y le dio al joven la caja.

Justo antes de que Edward pudiera abrirla escuchó la voz de su padre llamándole. Corrió hacia él y cuando se dio la vuelta para despedirse el hombre habia desaparecido.

Mientras el padre de Edward se despedía del arquitecto, el niño aprovechó para abrir la caja. En su interior encontró un pequeño catalejo y una brújula vieja y gastada pero que todavia funcionaba, con una inscripción que rezaba : ” Nunca pierdas el norte de tu vida~ con amor, …”
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-Dany, es hora de irnos- se escuchó una voz desde el pasillo.

Una niña de rizos rubios y ojos púrpuras recogió con sus manos regordetas sus peluches y los colocó en un baul de colores. Habia un lobo gris, un perrito con manchas, un conejito… Todos ellos habian estado colocados en circulo en el centro de la habitación infantil mientras la niña jugaba con ellos.

-Ya voy papá- dijo mientras corria todo lo que sus piernas le permitian

-Te has entretenido jugando antes de ir a casa de tia Coraline?

-Si, ha sido muy divertido papa. Mance, Edmure y Melessa han contado un cuento!

-Que imaginación tienes cariño, no la pierdas nunca-rió la madre de Dany mientras cerraba la puerta de la habitación.

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