Entre la realidad y la ficción

ENTRE LA FICCIÓN Y LA REALIDAD

SHERLOCK HOLMES

Detective inglés que destaca por su inteligencia, observación y deducción. Es uno de los personajes ficticios más importantes de todos los tiempos (el creador trato de matarlo y las masas se le echaron).
Parece que está basado en un hombre real llamado Joseph Bell (medico escocés). Nació en 1837 y fue médico y profesor en la universidad del creador de Sherlock. El alumno, Arthur Conan Doyle, tomó como patrón para su personaje al profesor y su forma de razonar y deducir (el aspecto más peculiar del detective). Era capaz de determinar muchas cuestiones de una persona después de estudiar detalladamente su acento, forma de caminar, ropa… tal como hace Sherlock en sus casos. Solía decirles a sus alumnos el resultado de sus deducciones cuando tenía que reconocer a un paciente, dejando sorprendidos a todos con afirmaciones sobre el trabajo y el origen de este. Esta forma de pensar y actuar la reflejó Arthur Conan Doyle. Asique, como el propio autor ha comentado numerosas veces, Sherlock es un personaje de ficción pero inspirado en un personaje real, que le aporto lo más importante: su método ductivo.
Como el caso de Poirot (Agatha Christie), estos personajes al aparecer en muchas novelas con las mismas características llegan a dar la sensación de realidad.
1 de cada 4 ingleses cree que Winston Churchill nunca existió (político más célebre de Gran Bretaña) y la mitad de 3000 encuestados cree que Ricardo Corazón de León es solo un personaje de novela mientras que el 58% está convencido de que Sherlock existió. Pero al pensar detenidamente, ¿de quién hay una imagen más sólida? Cualquiera que visite Londres verá el despacho de Holmes y sus objetos. Y una nota de 1888 sobre unos asesinatos que sí ocurrieron. ¿Jack el destripador no fue real? Pero, ¿Qué sabemos de él? ¿Cuánto de ficticio hay en él real y cuánto de real en el detective ficticio? A Corazón de León es más difícil seguirle la pista.
A las confusiones entre la realidad histórica y literatura la cultura más que curarlas las empeora. Es el síndrome Quijotesco que llevamos, por mucho que sepamos disociar, nos acaba exigiendo adecuar la realidad a nuestras ilusiones.

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