Una distopía de Meritxell

No había una forma agradable de describir los territorios desolados que habían quedado tras la encarnizada guerra que había ocurrido semanas atrás.
La tierra árida había quedado cuarteada por la sequía y el cielo estaba libre de nubes, el nivel del mar había subido irremediablemente y lo que antes eran polis rebosantes de vida ahora daban paso a ciudades fantasma, quedando reducidas a simples tumbas cubiertas de polvo.
Y allí, entre aquellos monumentos a la soledad rodeados de escombros, se encontraba una docena de supervivientes a la catástrofe que se alzaba victorioso, no por haber ganado o perdido una guerra absurda por la última gota de petróleo, sino por haber podido sobrevivir.
Entre aquellas personas se encontraba Daenerys, una joven menuda de ojos violeta que miraba impasible al horizonte mientras su melena platino ondeaba suavemente con la brisa del anochecer.
Daenerys había quedado en estado de shock cuando su marido y su hijo pequeño habían desaparecido entre los casquetes de uno de los enormes edificios cuando este se había derrumbado. Había despertado de su letargo mental dos días después, pero a veces era como si todavía siguiera atrapada en ese espacio, en ese momento donde compartía un helado con su hijo y besaba a su marido antes de que toda su vida se derrumbara en un instante.
Nunca tuvo una vida sencilla, durante su niñez había vagado por los centros de acogida hasta que cumplió la mayoría de edad y pudo arreglárselas por su cuenta, de todas formas aquel lugar nunca le gustó, eran orfanatos desprovistos de cariño y estabilidad donde reinaba la frialdad y el cinismo disfrazados por una sonrisa amable ocasional. Por sus esfuerzos en los estudios recibió una beca por el estado y consiguió terminar como la mejor de su promoción, siempre resultó una persona muy responsable y capacitada para hacer lo que se propusiera.
Años después se reencontró con su hermano Viserys, que le explicó el pasado de su familia. Al parecer su padre, un maltratador empedernido, había sufrido un accidente de coche cuando se dirigía alcoholizado al hospital donde la madre de Daenerys estaba de parto, ella también murió dando a luz y fue entonces cuando ambos hermanos habían pasado a formar parte de la tutela del estado y quedaron separados durante años. Aunque pueda parecer un momento enternecedor la forma en la que Viserys la acogió en su vida pronto quedó demostrado que su hermano había heredado el carácter manipulador y abusivo de su padre. Un par de años después Viserys murió asesinado a manos de una banda callejera durante un intercambio de drogas cuando hizo alarde de su narcisismo.
Cuando Daenerys logró escapar de aquel infierno quemó todos los lazos con su antigua familia o con cualquier rastro de su pasado y empezó una nueva etapa lejos de todos sus recuerdos. Se mudó de la ciudad, rehizo su vida, consiguió un empleo, se casó y tuvo un hijo, hizo todo lo que la sociedad considera que hay que hacer en esta vida, pero ella no era del todo feliz. Adoraba su nueva vida pero ella era un espíritu libre y la idea de asentarse en un lugar fijo para vivir allí no le terminaba de agradar, aquel estilo de vida no estaba hecho para ella.
El día que la tragedia ocurrió ella planeaba hablar con su marido y debatir sobre su futuro, de todas formas él la comprendía y tampoco se había acostumbrado al ajetreado ritmo de la gran ciudad. La vida era muy fácil en aquel entonces. Sus problemas eran tan simples… Entonces todo se volvió negro.
Ahora ella estaba sola, rodeada de extraños que tampoco tenían a donde ir entre los restos de la antigua urbe. En las últimas generaciones la población se había vuelto casi inútil, sin conocimientos, todas las tareas habían sido realizadas por las máquinas durante años, dejando a la humanidad reducida a meros consumidores de esa información y recursos, no como poseedores reales. Era por ello que ahora ningún humano era útil realmente y a menos que volvieran a aprender a realizar aquellas acciones primarias la humanidad estaría condenada a la extinción.
Al menos esa era su idea inicial, hasta que el grupo de supervivientes vio acercarse en la lejanía un grupo de helicópteros que giraban sus hélices con estruendo. Todos se animaron inmediatamente, algunos lloraban de alegría, otros gritaban dando gracias a Dios, una niña pequeña se abrazaba a su madre sin saber que ocurría asustada por la súbita muestra de ánimo de las personas que la rodeaban. Todos estaban felices…todos menos Daenerys.
Era la oportunidad de que las personas aprendieran de los errores que cometieron en el pasado, de volverse autosuficientes y tolerantes, y la joven sabía que si subían a aquellos helicópteros todo volvería a ser igual que antes, mentes vacías que realizaban movimientos mecánicos movidas por las perversas intenciones de las maquiavélicas mentes de las personas mas poderosas, que solo buscaban beneficiarse de la ignorancia y el sufrimiento ajenos. Ella decidió vivir al margen de la contaminada sociedad cuando se vieron obligados a pagar por el sol y hubieron represalias militares contra los ciudadanos que se manifestaron. Ella tambien había participado pero consiguió escapar cuando los tanques militares empezaron a ocupar sus puestos en el lugar de la manifestación, otros no tuvieron tanta suerte. La única razón por la que no se atrevió a rebelarse después de aquello era porque temía por la seguridad de su hijo, pero ahora él ya no estaba. Ya no tenía nada que temer, solo quedaba vacío en su interior. Fue entonces cuando decidió que ya no podía vivir así, prefería morir de pie antes que morir de rodillas.
Sabía que si la veían sería obligada a ir con ellos a la fuerza así que decidió huir y ocultarse tras los restos de un edificio derrumbado. El ruido de las hélices iba aumentando hasta que cesó durante un breve periodo de tiempo quedando relevado por los gritos de júbilo de los rescatados, que entraron a los helicópteros guiados por hombres uniformados y armados sin percatarse de la ausencia de Daenerys. Casi automáticamente después de que el último pasajero entrara en el vehículo el ruido del motor volvió a rugir y el viento se alzó de nuevo mientras el grupo se perdía en la linea del horizonte y el sol se ocultaba por completo.
Fue entonces cuando Daenerys salió de su escondite y, cargada con una bolsa que contenía agua, algunas barras de cereales y otros objetos sin valor, empezó a vagar por las carreteras desiertas sin saber a donde dirigirse. Pero había algo que si que sabía, no iba a ser un corderillo que siguiera el rebaño, crearía una nueva sociedad basada en la autosuficiencia pacífica desde cero si hacía falta, una que no se pudriera por los intereses y beneficios de una minoría egoísta y sanguinaria, y lo haría por mucho esfuerzo que supusiera.
Solo necesitaba encontrar a gente que, como ella, rechazara la corrupción y la inhumanidad del antiguo mundo, y sabía exactamente donde encontrar a esas personas…
Daenerys no era débil. Era poseedora de una valentía increíble, su pasado era prueba de ello. Si hubiera sido débil habría muerto como su padre o su hermano, víctima de los vicios más bajos. Había sobrevivido a intentos de asesinato y conspiraciones, perdido un hijo, un marido, un hermano y unos padres y ahora caminaba sobres las ciudades reducidas a cenizas bajo sus pies descalzos con sandalias delicadas.
Y fue así como movida por su propia voluntad emprendió su viaje hacía un mundo mejor, murmurando las palabras que guiarían su destino: “la voluntad es la fuerza que nos hace caer débiles y levantarnos invencibles”

0 votes

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *