Rigoberta Menchú

 

Rigoberta Menchú fue una activista de los derechos humanos de Guatemala que destacó por su liderazgo al frente de las luchas sociales en el ámbito nacional e internacional.
Nació en 1959 en una numerosa familia campesina y su padre fue el fundador más conocido del Comité de Unidad Campesina (CUC). Su infancia y su juventud estuvieron marcadas por el sufrimiento de trabajar en los cultivos y ver como su familia y amigos sufrían e incluso morían a manos de los terratenientes.
Varios miembros de su familia, incluida su madre, fueron torturados y asesinados por los militares o por la policía. Por otro lado, su padre fue, junto con otros 37 campesinos, quemado vivo cuando él y algunos miembros del CUC ocuparon la embajada española en un acto de protesta y la policía incendió el edificio con ellos dentro en 1980.
Rigoberta Menchú inició una campaña pacífica de denuncia del régimen guatemalteco y de la violación de los derechos humanos de que eran objeto los campesinos indígenas. Desde muy joven se involucró en las luchas reivindicativas de los pueblos indígenas y campesinos lo que le valió persecución política y el exilio.
En 1983 escribió su autobiografía durante su exilio en México, llamada “Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia”, el cual transmitió su mensaje por el mundo y fue escuchado incluso por las Naciones Unidas. En 1988 regresó a Guatemala, protegida por su prestigio internacional, para continuar denunciando las injusticias.
En 1992 se le concedió el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos en su lucha para defender los Derechos Humanos.
Tuvo una participación activa en la ONU, asistiendo a las sesiones anuales de la Comisión de Derechos Humanos, a las sesiones de la Comisión de Prevención de las Discriminaciones y Protección de las Minorías y fue parte del grupo de trabajo sobre poblaciones indígenas.
Su nueva posición le permitió continuar impulsando importantes iniciativas, como la creación de la Iniciativa Indígena por la Paz. Fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la ONU para el Año Internacional de los Pueblos Indígenas, en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena, Austria; junio de 1993 y el año 1996 fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO.
Fue una gran mujer que pese a las circunstancias a las que estuvo expuesta desde su nacimiento, supo evolucionar como persona y hacerse escuchar en todo el mundo guiada por un mensaje de igualdad y paz. Sus enseñanzas y lecciones están cargadas de razón, valor y esperanza hacia un mundo en el que el racismo, la xenofobia y la intolerancia queden por fin erradicados. Un gran ejemplo a seguir como persona que invita a no conformarse y a avivar el espíritu de lucha interior contra las injusticias propias y ajenas de las que podamos ser testigos.

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“Mi padre una vez me dijo: Hay algunos a los que les toca dar la sangre, a otros les toca dar la fuerza, así que mientras podamos nosotros demos la fuerza.”

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